La raya (–): cómo y cuándo usarla

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Leo a diario numerosos escritos –especialmente correos electrónicos– cuyos autores usan el guion (-) de un modo indiscriminado, incluso en situaciones en que debieran utilizar la raya (–), que, como vemos, es más alargada. Así, he podido constatar que muchísima gente (casi me atrevería a decir que una gran mayoría) desconoce que esta última está llamada a aparecer en escena en muchas más ocasiones que su hermana pequeña, que nunca podrá sustituirla. Los principales usos que se pueden dar a la raya (–) son los siguientes:

1.º) Señalar los diferentes apartados de una enumeración. Entre la raya y cada uno de esos apartados se dejará un espacio en blanco. Si estos últimos son oraciones completas, finalizarán preferiblemente con punto. Por ejemplo:

Sus funciones en la empresa serán las que se detallan a continuación:

– Establecer un plan de comunicación.

– Ser el responsable de organización de los distintos eventos en que esta participe (ferias, congresos, asambleas, presentaciones de nuevos productos…).

– Asesorar a la dirección en cuestiones de protocolo.

Sin embargo, cada apartado puede comenzar con minúscula y finalizar con punto y coma (excepto el último, que terminaría con un punto) o sin ningún signo de puntuación. Esto suele ocurrir cuando constan solamente de una palabra, como en el ejemplo siguiente:

Los metales alcalinos son los siguientes:

– litio;

– sodio;

– potasio;

– rubidio;

– cesio;

– francio.

2.º) Marcar el cambio de interlocutor en un diálogo. Por ejemplo:

–Hola, soy Alfonso.

–Yo me llamo Pedro. Mucho gusto.

–Igualmente.

3.º) Introducir una explicación o matización, del mismo modo que podríamos hacerlo valiéndonos de comas o paréntesis. Por ejemplo:

–Luis y Enrique –mis mejores amigos– me desearon suerte antes del examen.

El aislamiento de los incisos entre rayas con respecto al texto es mayor que el de los incisos entre comas, pero menor que el de estos entre paréntesis.

4.º) Encerrar un nuevo inciso, matización o aclaración en un texto ya enmarcado entre paréntesis. Por ejemplo:

–No tenían nada que hacer frente al enemigo (su elevado número de soldados –por no hablar de su óptima estrategia– lo hacían prácticamente invencible), así que decidieron rendirse.

5.º) Introducir, por parte del narrador, comentarios o precisiones en mitad de un diálogo. Por ejemplo:

–Hoy me he sentido humillado en esta casa –afirmó, sus ojos llameantes de cólera–. No esperes, pues, volver a verme por aquí, y guárdate de poner un pie en mis dominios.

Como se ve, en el ejemplo anterior se cierra raya y el interlocutor inicia una nueva oración tras el punto y seguido. No obstante, conviene tener en cuenta una importante salvedad: no se cerrará raya cuando, tras el comentario del narrador, el personaje no continúe hablando. Por lo tanto, no deberá haber raya de cierre tras un punto y aparte o un punto final:

–Queridos conciudadanos, Su Majestad el Rey ha muerto. ¡Viva el Rey! –dijo, solemne, el presidente.

–¡Viva! –respondió una resignada audiencia.

Además, como se ha podido comprobar, al abrirse una raya se ha iniciado la oración subordinada en minúscula. Esto solo ocurrirá cuando el verbo que se introduzca sea de habla (afirmar, decir, añadir, precisar, decir, exclamar, preguntar, reponer, contestar, responder, objetar, asegurar…). En los demás supuestos se iniciará el inciso en mayúscula, abriéndose la raya detrás de punto:

–A mí nadie me dice lo que tengo que hacer. –Salió del despacho dando un portazo.

En un caso como el anterior, si el personaje continuara hablando después del comentario del narrador, el punto con que concluye el inciso narrativo se introducirá tras el cierre de raya:

–¿Sabe lo que dicen de usted por ahí fuera? –Se encendió una pipa con calma–. Creo que más le valdría seguir ignorándolo.

Si el signo de puntuación que sigue al inciso son los dos puntos, estos irán también detrás del cierre de raya:

–No me gustó su actitud –me dijo en un tono serio, y añadió–: ¡Hasta se marchó sin despedirse!

Hasta aquí los usos más frecuentes de la raya, un signo a menudo relegado –incorrectamente– por el guion. Con el fin de no alargar demasiado este artículo, más adelante dedicaremos otro al uso de este último.

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