Fedón (Platón)

Platon

Esta obra, elaborada en forma de diálogo, aborda el tema de la muerte física y la inmortalidad del alma. Sin tratarse de las primeras referencias que se hacen a estas cuestiones, sí resulta sobrecogedor el contexto en que se enmarca la conversación: Sócrates (maestro de Platón) se encuentra en la cárcel, rodeado de un grupo de discípulos, esperando a que le lleven una copa con cicuta, el veneno que, en cumplimiento de una sentencia injusta, ha de poner fin a su vida.

Lo más llamativo de este diálogo platónico es la actitud que muestra el reo ante su inminente fallecimiento, convencido de que este no es más que un tránsito de su alma al Más Allá. Viendo la pena que embarga a los suyos, les argumenta de un modo racional que la muerte no es el fin; más aún, les asegura que es un bien al que debe aspirar todo filósofo –pero, eso sí, cuando los dioses decidan concedérselo.

Así, trata de demostrarles la inmortalidad del alma mediante pruebas tales como el origen de los contrarios, la reminiscencia, la conjunción de ambas y la indisolubilidad de lo simple. En medio de sus explicaciones, el lector, del mismo modo que los interlocutores del pensador, tiene el alma en vilo hasta la temida llegada del clímax de la obra: el momento en que Sócrates ha de beber la cicuta. ¿Cambiará su actitud cuando tenga la muerte en sus manos? ¿Se desmoronarán entonces los ideales que con tanta firmeza había predicado momentos antes? El final, como el resto de la obra, no dejará indiferente a nadie.

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