Extranjerismos

Es el castellano un idioma, a diferencia de otros como el italiano, poco amigo de importar términos extranjeros. Hay que reconocer, no obstante, la fuerza con que muchos de estos han traspasado nuestros límites territoriales, de tal manera que han acabado por imponerse en el habla cotidiana de casi todos nosotros.

Muchas de estas palabras, en su mayoría anglicismos o galicismos, llevan muchos años con nosotros, de modo que la RAE ha tenido tiempo suficiente para españolizarlas y proscribir su forma original. Algunos ejemplos son boomerang (que ha pasado a ser bumerán), bazooka (ahora denominado bazuca) o croissant (sustituido por cruasán).

La palabra whisky (o whiskey) sigue empleándose en nuestro idioma, pero poco a poco le va comiendo terreno el güisqui, mucho más recomendable. Algo similar le ocurre al sándwich (con la a acentuada, por ser una palabra llana no terminada en vocal, n o s), al que la Real Academia Española de la Lengua sugiere denominar emparedado. Asimismo la RAE aconseja sustituir el término slip por eslip; hall, por entrada, recibidor o vestíbulo, y feedback, por retroalimentación, retroacción o realimentación. Tres cuartos de lo mismo sucede con e-mail, que se considera de todo punto innecesario, pudiendo ser denominado correo electrónico en español.

Como este último, hay otros términos tecnológicos cuya forma inglesa ha penetrado con fuerza, como son CD-ROM, que se admite sin problemas –aunque nuestro diccionario propone también la forma españolizada cederrón, cuyo plural es cederrones–, y la palabra chat («conversación, mediante el intercambio de correos electrónicos, entre personas conectadas a Internet»), que ha dado lugar a una segunda acepción del verbo chatear, ya existente en nuestro idioma y que significa «beber chatos».

Otros extranjerismos, sin embargo, han logrado hasta ahora sobrevivir entre nosotros y formar parte importante de nuestro día a día. Son los casos de ketchup, catering o footing (aunque, en relación con este último, a nadie debería entrañarle una gran dificultad decir Salgo un rato a correr en lugar de Me voy a hacer footing).

Por último, otros nunca podrán considerarse correctos en nuestra lengua, fundamentalmente porque no tienen necesidad de existir, habiendo otras formas expresamente indicadas en español para designar idénticos conceptos. Así, no tiene sentido llamar hot dog al perrito caliente o merchandising a la mercadotecnia.

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