Detentar y ostentar

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Detenta el cargo de presidente del Gobierno desde hace seis años.

La anterior afirmación puede tener sentido si va referida, por ejemplo, a un tirano que en su momento se alzó contra el poder legítimamente establecido, infringiendo las leyes de su país. La explicación de que alguien haya elegido un verbo tan desafortunado radica en su parecido con otro que sí hubiera sido oportuno utilizar, como es ostentar («mostrar o hacer patente algo» o «hacer gala de grandeza, lucimiento y boato»).

El presidente del Gobierno, en una democracia que se precie, jamás detenta el cargo, ya que ha sido elegido por los ciudadanos y, por tanto, el poder que ostenta, que es el que estos le han confiado, es absolutamente legítimo. Por el contrario, un magnicida que, tras asesinar al presidente, se proclama jefe del Gobierno, detentará en todo caso los poderes que son propios de tal cargo, y todos aquellos que por razón de su fuerza se quiera atribuir, ya que este verbo no significa otra cosa que «retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público».

Así, quien detenta un cargo lo ostenta ilegítimamente, pero nunca podrá detentarlo un mandatario legítimo.

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