Blanco de una conspiración (Microrrelato)

El miedo perlaba mi frente de un sudor tan frío como el extremo del arma que me oprimía el abdomen. Era el sabotaje perfecto: el metropolitano quedó detenido y sumido en las tinieblas del túnel que enlazaba San Bernardo con Bilbao. La presión creciente me disuadió de pedir auxilio a los demás pasajeros. Mareado, me así fuertemente a la barra para no caerme redondo. De súbito, el coche reanudó la marcha entre tirones. Al alcanzar la parada, la espigada señora me miró sobresaltada; disculpándose, retiró de mi vientre el curvado mango de su paraguas y caminó hacia la puerta.

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