Antes de enviar un escrito, compruebe estos detalles

Vivimos en una época frenética, en la que toda tarea se requiere “para ayer” y no tenemos claro adónde vamos, pero sí que debemos llegar cuanto antes. Por ello, apuesto a que usted, lector, se habrá visto en la situación de enviar un email importante y comprobar, solo cuando ya es demasiado tarde para rectificaciones, que el resultado no es el que hubiera deseado: contiene palabras “mutiladas” o alteradas por el corrector (el mismo que ha convertido al que escribe, por poner un ejemplo, en oriundo de Marte, cuando lo es de Murcia), espacios de más, rimas no deseadas y palabras y sonidos repetidos hasta el hartazgo en un mismo párrafo.

Mi consejo para evitar estas desagradables sorpresas es leer, siquiera una vez, en voz alta lo que hemos escrito: solo así prevendrá que lo tachen de descuidado, inculto e incluso marciano (¿o debería decir lunático?). Rechace todo exceso de gerundios (es más, evítelos siempre que sea posible), acorte las oraciones que resulten más largas de lo razonable (esas que dejan su rostro amoratado antes de ceder el testigo a la siguiente) y asegúrese de no convertirse en un poeta involuntario.

Lo podrán tomar por loco, sí, pero esas palabras se las lleva el viento; no así las que constan por escrito.

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